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lunes, 8 de julio de 2019

"Los derechos trans y los roles de género"


La convicción personal y subjetiva de pertenecer al género masculino, femenino o a ninguno se denomina identidad de género. Su consolidación es probable entre los dieciocho y treinta meses de edad; inmodificable por el paso del tiempo o procedimiento de intervención profesional, e independiente de las experiencias iniciales de aprendizaje social y crianza. No debemos confundirlo con el concepto sexo, conjunto de características de origen biológico que definen el espectro humano como hembras o machos.

En la mayoría de las personas se encuentra una coincidencia entre la identidad de género y el sexo. Cuando esto no ocurre así, nos hallamos en el supuesto de una persona transgénero. Por ejemplo el caso de alguien con caracteres sexuales primarios y secundarios masculinos que se siente mujer (y efectivamente lo es).

En estos supuestos, cuyo baja frecuencia en la sociedad no eclipsa su gran importancia para nosotrxs, se produce un enfrentamiento entre el papel de género de nuestra cultura (binario y mutuamente excluyente, se es de uno o de otro) y las circunstancias y realidad de unx mismx. ¿Nos apegamos al guión marcado por la sociedad o nos alejamos de él sufriendo sanciones normativas bañadas de estigma? ¿Renunciamos a unx mismx aceptando la sumisión total al sistema?

La respuesta la debemos tener bien clara. La persona es la única y verdadera experta en sí misma. Cuando esta diferencia entre sexo e identidad de género aparece, unx necesita eliminar la idea de que lo que se requiere es ser distinto, ¡no nos lo podemos permitir! Debemos tratar de convertirnos en lo que somos, hallando nuestro propio sendero personal.

Entre todos los transgéneros, sólo algunos desean modificar sus caracteres sexuales a través de intervenciones médicas (hormonas y/o cirugía). Son los denominados transexuales.

Otrxs desarrollan capacidades para vivir con calma y eficiencia sin tener que someterse a todos los procesos de reasignación integral para la concordancia sexogenérica. Desempeñan el papel de género que desean sin necesidad de cambios corporales.

Está claro que las personas transgénero están sanas mentalmente (así lo certifican los psicólogos) y si necesitan de los servicios de salud, lo hacen al igual que las mujeres embarazadas o el adulto sin síntomas que va a revisión médica.

Unxs pueden pensar que hay un fallo en el cerebro, ¿no sería obligatorio sentirse un hombre o una mujer si poseemos un cuerpo macho o hembra? Otrxs consideran que hay un error en el cuerpo, ¿si nuestro cerebro nos hace sentirnos hombre o mujer no sería lógico que nuestros órganos sexuales se correspondiesen a lo que dicta nuestra materia gris?
Todos ellos yacen equivocados bajo la influencia de la rígida perspectiva de género de nuestra sociedad. La Transgeneridad no es más que una variante morfológica y funcional de nuestro ser donde la cordura está tan presente como en los cisexuales. 

¿Y si los roles de género tan estereotipados desapareciesen? ¿Y si un hombre pudiese tener una vagina y una mujer pene?
Ser mujer o ser hombre va más allá de tener determinados órganos sexuales. Ser persona va mucho más allá de ser hombre o mujer.

Me encantaría un mundo donde todos fuésemos libres de verdad para ser nosotrxs mismos. Pienso en esa mujer transgénero que le encanta jugar en la cama con su pene y no desea quitárselo bajo ningún concepto. O en ese varón brillante en su trabajo, pero tan emotivo y tierno en sus relaciones que llora con frecuencia, muchas veces en público, sin miedo. O en esos estudiantes que aprenden con toda la naturalidad del mundo que los hombres a veces tienen vagina y las mujeres pene, o que a veces los transexuales se quieren operar pues sienten en su interior que deben hacerlo. En ningún momento presentan prejuicios ni rechazo; lo han visto siempre de una manera natural.

Por desgracia, la situación de los trangéneros en la actualidad sigue siendo muy complicada. La lgtb-fobia alcanza su máxima intensidad con este grupo. Los derechos recogidos en la “Declaración Internacional de Derechos de Género”, que a continuación se citan, no pueden disfrutarse en un gran número de ocasiones. Ojalá en un futuro próximo todos estos principios sean parte inquebrantable de nuestra sociedad. Ojalá un día todxs valoremos la diversidad como se merece, como la diferencia que nos enriquece, como fuente inagotable de aportaciones valiosas para la humanidad. Sin lugar a dudas ese día todos seremos un poco más felices:

-Derecho de los individuos a reivindicar su identidad de género.
-Derecho a la libre expresión de la identidad y el papel de género.
-Derecho a determinar y modificar el propio cuerpo.
-Derecho a un servicio médico competente y profesional.
-Derecho a exención de diagnóstico o tratamiento psiquiátrico.
-Derecho a la expresión sexual.
-Derecho a establecer relaciones amorosas y comprometidas.
y a suscribir contratos matrimoniales cuando se desee.
-Derecho a concebir o adoptar hijos e hijas; a criarlos
y custodiarlos; a ejercer las potestades parentales.


Fran
Voluntario en Información LGTB+

domingo, 24 de marzo de 2019

"La salida del armario: una oportunidad para crecer"


El psicólogo Gabriel J. Martín, en su notable obra “Quiérete mucho maricón”, establece que la meta a la que debemos aspirar los homosexuales (también bisexuales;  la transexualidad, por su mayor complejidad, se tratará en el siguiente artículo) es a la de vivir nuestra orientación sexual con la mayor naturalidad del mundo, obviando la homo(bi)fobia, estereotipos y prejuicios sociales e iniciando un proceso de autoaceptación que nos llevará a incrementar nuestra autoestima y estado general de salud física hasta niveles altísimos.

En este proceso de autoaceptación, la salida del armario se convierte en un paso natural e inevitable, una de las mejores actuaciones que podemos llevar a cabo por el bien de nuestra salud mental y emocional.

Se trata de una experiencia profundamente liberadora porque reducimos el estrés de esconder nuestra identidad, pasando de vivir sometidos a la sospecha permanente, cuidando gestos, palabras y reacciones (y sintiendo culpa por no decir la verdad o dolor por considerar que toda tu vida es una mentira), a llevar una existencia construida a base de honestidad, intimidad y complicidad, donde nuestras relaciones son más auténticas al interactuar desde lo que somos en verdad.

A continuación un breve análisis de este proceso de especial trascendencia en nuestras vidas, a través del listado de varios puntos a tener en cuenta.

a) Antes de salir del armario:

-La decisión de salir es muy personal y no obligatoria. Cada uno es el único que sabe qué es lo mejor para sí mismo y sus sentimientos. ¿Estamos preparados?

-Debemos sentirnos cómodos con la condición de homosexual o bisexual. Hay que tenerlo claro, no sentir dudas, no estar confundido.

-Nuestra integridad física o psicológica no debe correr peligro. Al salir del armario siempre corremos riesgos, la reacción de las otras personas puede ser difícil e incluso imposible de predecir. Pero si vivimos en un país donde es delito la homosexualidad, o en una familia tremendamente conservadora y homó(bi)foba, que además nos está pagando la universidad, no es el mejor momento para ello.

b) Durante la salida del armario:

-Se recomienda siempre salir poco a poco, yendo de lo más fácil a lo más difícil y generando apoyo social. Antes de que se lo digamos a nuestros padres es mejor abrirse a algún amigx o hermanx con el que tengamos confianza. Así, en caso de producirse un rechazo manifiesto por parte de nuestros progenitores, no nos sentiremos solxs. Además habremos desarrollado estrategias y habremos visto qué nos funciona y qué no.

-En la salida con los padres es interesante primero que tanteemos el terreno para percibir qué opinan acerca de la homo-bisexualidad. Debemos sentir que hay unas probabilidades razonables de que la reacción sea positiva y escoger un momento donde no haya una gran tensión en el ambiente.

La asimilación de nuestros progenitores es muy lenta, con lo que debemos armarnos de paciencia. No hay un periodo de tiempo determinado para que los padres se ajusten. Al principio pueden estar en shock; después, a medida que van avanzando en el proceso, es interesante hablar con ellos del tema LGTB+ y proporcionarles literatura sobre nuestro colectivo.  

No podemos olvidar que la familia pasa a iniciar un proceso similar al atravesado por nosotrxs, sin saber si decírselo al resto de la familia o a la sociedad en general. “Nadie sale solo del armario, siempre es un proceso familiar que afecta a todos”, como bien establece Ángel Luis Maroto en su estupendo libro “Homosexualidad y Trabajo Social”.

c) Después de la salida del armario:

-Una vez revelada nuestra orientación sexual a nuestrxs íntimos es interesante visibilizarnos con los menos cercanos sin tanto formalismo. Por ejemplo, una foto indicadora en tu nuestro perfil de WhatsApp o en Facebook puede valer.

-Nunca dejamos de salir del armario. Se presentarán muchas oportunidades donde tendremos que decidir si vamos a identificarnos como LGB, ya sea en el trabajo, en una reunión de la comunidad de vecinos o en una conversación en el taxi.

-No siempre es fácil estar fuera del armario. Podemos tardar años hasta estar cómodxs del todo. A veces las cosas salen mal y hay que seguir luchando. No obstante, seamos positivxs. Millones de personas han salido del armario en todo el mundo y muchos piensan que fue lo mejor que pudieron haber hecho en sus vidas.

Fran
Voluntario en Información LGTB+

domingo, 20 de enero de 2019

"El bullying lgtb-fóbico en los colegios, ¿un reflejo de la sociedad adulta?”


La humanidad de los mayores de treinta, un universo integrado por numerosos planetas creados en la infancia, en cuya atmósfera estamos obligados a vivir el resto de nuestros días, no tolera la diferencia consustancial a los LGTB+.

Las causas son el miedo a lo desconocido, los prejuicios por la falta de información, la irritación que te causa el que otro no cumpla las normas sociales de género (cuando sufres para actuar conforme a ellas), o el deseo de sentirte superior, siendo la opción de aplastar al LGTB+ una de las más sencillas.

Nuestra sociedad sólo tolera un camino para llevar una vida plena y castiga a quien no lo transita. Siendo personas de bien, no cabe en la cabeza alejarse de este sendero. Si somos mujeres debemos ser dependientes, delicadas, frágiles; con dominio de las tareas domésticas y del cuidado de nuestra propia imagen. Si somos hombres debemos ser independientes, valientes, competitivos; no expresar nuestros sentimientos y estar locos por el sexo. Es éste un camino que se incrusta en nuestro cerebro; cuando otros compañerxs se desvían de él, los nefastos tipos de homofobia cobran lugar.

Algunxs se limitan a sentir por dentro esta aversión sin llegar a exteriorizarla. Otrxs realizan bromas, chistes sobre los LGTB+ o los tratan como si no existiesen. Por suerte pocxs llegan a la agresión física, pero cuando lo hacen las consecuencias son funestas, tanto para el agredido (ansiedad, trastornos psicosomáticos, consumo abusivo de drogas, sentimientos suicidas que pueden llegar a materializarse), como para el agresor (angustia, mal humor, sufrimiento suyo y de su familia, imposición de sanciones incluyendo las más graves de tipo penal).

Como se ve, sufre el sujeto pasivo de la agresión pero también el activo. Y es que en realidad padece la sociedad entera en su conjunto cuando no es capaz de respetar ni celebrar la diversidad. La humanidad entera se ve sacudida al no comprender que el sector LGTB+ es tan normal como el heterosexual, que ambos están igual de sanos mentalmente, y que si buena parte de la sociedad no lo ve así no es justo y debe cambiar.

No debemos fiarnos de quien nos aleja de la valentía de ser uno mismo, otorgándonos una gratificación social considerable cuando transitamos el sendero marcado, pero que nos aleja de nuestro ser más profundo, ocasionándonos una herida compuesta de vacío interior que comenzará a sangrar cuando, por cualquier causa, la sociedad deje de apoyarnos. Nos quedaremos solos: sin los demás y sin nosotrxs mismos.

Seamos valientes: apreciemos nuestra diversidad consustancial. Un mayor número de recursos para la sociedad y un sentimiento de plenitud del que podremos gozar cuando nos atrevamos a conocernos y querernos.

Bajo este contexto de la vida adulta, se cree que las relaciones entre los niñxs y adolescentes en colegios e institutos habitan muy condicionadas por todo lo recién comentado. Ellos respiran el aire de la  cultura en la que viven: las expresiones de sus padres en su hogar o las de los programas de televisión.

En la primaria, sin comprenderlo demasiado, ya se lanzan contra sus compañerxs al grito de “¡maricón”!, repitiendo insultos antes oídos. Aparece el bullying lgtb-fóbico para aquellxs que no cumplen con las expectativas de género. Sufren en silencio ante este comportamiento mantenido en el tiempo, con el deseo de hacer daño y que reciben en situación de inferioridad. Temen el rechazo de su propia familia. Callan, que siempre es la peor opción (“problema no expresado, problema agigantado”), y la idea del suicidio aparece (los LGTB+ imaginan su propio suicidio tres veces más que el resto).

En el primer ciclo de la Secundaria se intensifica el bullying y nadie hace nada. Los compañerxs de clase, incluso los de corte más humanitario, no se atreven a ayudar para no ser metidos en el saco LGTB+. Otrxs piensan que mientras no les perjudique a ellos no hay problema; sin darse cuenta de que un ambiente lesivo de los derechos humanos hiere a todos, que ellos son parte del bullying también por no actuar; que el que lo sufre está en inferioridad y no es capaz de defenderse, pero ellos se sienten fuertes y no hacen nada.

La mayoría de profesorxs de nuestro colectivo tampoco ayudan. No salen del armario para no ser estigmatizadxs, privándoles de un refugio seguro a los que sufren. Ya nunca serán una manera directa para la eliminación de los prejuicios en sus alumnos.

Buena parte de lxs directivxs del Centro Educativo no suelen tomar consciencia acerca de este grave problema. Tardan en actuar, y siempre quitando importancia al asunto, cuando otros tipos de bullying, como el racial, se gestionan de un modo más inmediato. Tampoco establecen una política clara del centro en favor de la diversidad y en contra de toda discriminación, modificando sus reglamentos internos de conducta; ni cuentan con personas capacitadas en los alcances del fenómeno LGTB+. Por supuesto que no incluyen esta cuestión en las asignaturas ni generan charlas extracurriculares en las que debatir y expresarse sobre este aspecto.

El Grupo de Educación de Cogam, consciente de esta terrible lacra, acude desde hace años a numerosos institutos de la Comunidad de Madrid dando charlas sobre la cuestión LGTB+. A través de la información transmitida por sus voluntarixs la homofobia y los prejuicios se reducen. Luchan por un lugar mejor donde vivir. Una pelea en la que deberíamos participar todxs en la medida de nuestras posibilidades. No nos conformemos y batallemos por nosotrxs mismos y por los demás siendo intransigentes con el bullying.

Fran
Voluntario en Información LGTB+

domingo, 9 de diciembre de 2018

Residencia Madrileña para Mayores LGTB+

El paso del tiempo nos afecta a todxs. Durante buena parte de nuestra vida somos jóvenes y productivxs, premiadxs por una sociedad que valora nuestra buena salud y atractivo sexual. Después llega la tercera edad y nos volvemos invisibles. No practicamos sexo y con lo mínimo para subsistir tenemos suficiente.
En la última fase de la vejez llega la durísima dependencia. Los heterosexuales suelen contar con la familia tradicional, integrada por padre, madre e hijos. Los LGTB+ tenemos menos opciones. A veces, la residencia de ancianos es la única alternativa posible, a pesar de la homofobia que habita allí.
Por una parte los trabajadores del centro pueden considerarnos enfermxs, negarse a atender nuestras necesidades básicas de forma apropiada (por ejemplo, negándose a bañarnos si nuestro sexo ha sido reasignado, o a vestirnos de acuerdo a nuestros gustos y preferencias). Incluso pueden llegar a hacer pública nuestra orientación sexual.
Por otro lado nuestros compañerxs residentes, con una educación sexual sesgada y deficitaria, pueden esforzarse en maltratarnos y mantenernos aisladxs. Otros simplemente se verán molestos de tenernos cerca ya que nuestras biografías sexuales se alejan de la heteronormatividad.
Una vez dentro de la residencia es probable que una depresión o ansiedad desorbitada llame a nuestra puerta. Por desgracia, el riesgo de mostrarnos cómo somos nos lleva a mantenernos en el armario o a la humillación de tener que volver a ocultarnos, habiendo tenido en episodios más tempranos de la vida la valentía para expresar públicamente nuestros gustos.
La soledad aparece: no tenemos a nadie con quien hablar de nuestros sentimientos y recuerdos. Precisamente en un momento vital en el que creemos que la felicidad es estar con los nuestros y tener las mínimas complicaciones. Una fase en la que anhelamos lo esencial de la vida sintiéndonos comprendidos y protegidos, sin críticas, sin insultos clásicos como “maricón de mierda” o chistes sobre nuestra condición.

Con este objetivo la Fundación 26 de Diciembre ha iniciado un proyecto de Residencia y Centro de Día especializada en personas mayores LGTB+. La Fundación no busca crear un gueto, sino nuestra felicidad. Formamos parte de una maravillosa diversidad que debe ser respetada.
El Centro “Josete Masa” acogerá a personas del colectivo que se encuentren en situación paliativa, de dependencia o de fragilidad. Siempre tratando de dignificar nuestros últimos momentos de vida.
Esta buena noticia no debe llevarnos a olvidar de que se trata de un caso único. La generalización de estas residencias LGTB+ en España y Europa no parece posible. Debemos luchar por nuestra integración en el resto de centros con todos nuestros derechos. La administración debe conseguir la adecuada formación en diversidad de todo el personal y la realización de talleres con los propios residentes, quedando los prejuicios despojados para siempre.

Fran
Voluntario en Información LGTB+

martes, 6 de junio de 2017

Por qué soy voluntaria de COGAM

    Hace dos años percibí que la parcela de mi vida afectivo-sexual no estaba completa. Soy bisexual y en ese momento tan solo conocía a otra persona bisexual. Ser el único ejemplar de tu especie hace que no crezcas plenamente. Somos animales sociales, necesitamos el contacto y reflejo de nuestros pares.

    Tecleé “bisexuales Madrid”. “Bisexuales — Colectivo LGBT+ de Madrid – Cogam” me saludó desde el primer puesto del buscador. Escribí con pulso vergonzoso un correo sin saber qué decir mientras narraba prácticamente todo mi vida. «¿Quién recibirá mi correo? ¿Alguien lo leerá? ¿Qué pensará? ¿Me contestará?», un ligero temor me asaltó tras cliquear ‘enviar’.

    Carlos, el coordinador del Grupo de Bisexuales de COGAM, recibió mi correo, lo leyó y me contestó. “Aunque este sábado no toca reunión, hemos quedado para organizar la celebración del Día Internacional de la Bisexualidad”. «¡Guau! Hay un día internacional enterito para la bisexualidad». Tras un año trabajando con Carlos codo con codo en el año temático celebrado por la FELGTB2016 Año de la Visibilidad Bisexual en la diversidad sé  lo que Carlos pensó al leer mi correo. No porque me lo haya dicho él, sino que me lo ha mostrado al ir conociéndolo y volviéndose una persona importante en mi vida.

    El sábado por la tarde fui a la calle Puebla número nueve. En el salón de actos de la sede de COGAM siete personas en torno a una mesa alargada decidían cómo diseñar la pancarta que se hondearía en la plaza de Callao el miércoles venidero, veintitrés de Septiembre. Me recibieron y trataron con enormes sonrisas de comprensión, franqueza, respeto y cariño. Tras unas horas de grato trabajo y enriquecedora conversación fuimos a tomar un vino. Me sentía como en casa; con mis pares.

    Durante más de un año fui, segundo y cuarto sábado de cada mes, a las reuniones y actividades organizadas por el grupo de Bisexuales. En todas, sin excepción, me recibieron y trataron con enormes sonrisas de comprensión, franqueza, respeto y cariño. Tras todas ellas fuimos a tomar un vino, sintiéndome como en casa; con mis pares. A través de todas ellas, en forma de conversaciones, charlas y talleres sobre bisexualidad y rodeada de un generoso grupo de personas bisexuales y no bisexuales, me he sumergido en mis entrañas afectivo-sexuales. Conozco y adoro mi bisexualidad. Pero esto, si me lo permitís, lo relataré otro día J.


    Hace dos años percibí lo beneficioso que hubiese sido para mí si a mis quince años (el momento de mi despertar romántico-sexual) el Grupo de Educación me hubiese explicado que se puede ser bisexual, heterosexual, homosexual… Imagino a tres personas adultas de diferentes generaciones, identidades de género y orientaciones afectivo-sexuales frente a mí, en clase. A través de sus palabras me transmiten que no soy anormal por ser bisexual, todo lo contrario, «lo que pasa es que mi orientación, poco habitual, no es la normativa». “Así que vive sin miedos ni complejos ni culpas”. Soy voluntaria de esta gran familia educativa porque deseo ser esa adulta que yo no tuve. Mientras tanto, os presento orgullosa al Grupo de Educación de COGAM

    Hace dos años fui a la calle Puebla número nueve. Si no hubiese ido yo no sería la persona que soy. COGAM es fuente inagotable de personas fascinantes que irradian empatía, altruismo, amor y fraternidad. De vivencias extraordinarias que me enriquecen y desarrollan.


    COGAM es para mí más que una asociación LGBTI, más que voluntariado. Es parte de mi vida, parte de mí. 

Tania Criado
Voluntaria Educación COGAM
Vocalía de Salud - Junta Directiva

miércoles, 22 de marzo de 2017

WENDY CARLOS: TRANS-FORMANDO LA MÚSICA

“Cuando tenía cinco o seis años, recuerdo estar convencida de que era una niña, prefería llevar el pelo largo y ropa de chica y no entendía por qué mis padres me trataban como a un muchacho, por lo que decidí esconder mis sentimientos”.

    Así describía parte de su infancia la músico Wendy Carlos, una de las compositoras más importantes del siglo XX y “madre” de la música electrónica; quién compaginó una exitosa carrera musical con una transición y una operación de reasignación de sexo, en una época en la que la sociedad no hablaba de estos temas, no existía ningún debate público, por lo que, ciertas personas, parecían no existir. 

    Wendy nació como Walter Carlos el 14 de noviembre de 1939, en Pawtucket, Rhode Island (Estados Unidos), en el seno de una familia de clase trabajadora. Durante su infancia fue acosada frecuentemente por su feminidad y ella encontró consuelo en el piano, que aprendió a tocar con sólo seis años. A la temprana edad de diez años ya había compuesto una pieza: Trío para clariente, acordeón y piano. 

“Después de la pubertad, mi situación pasó a ser más y más infernal, así que, en mi adolescencia tardía, me hice más masculina y empecé a odiar mi cuerpo”.

    Carlos asistió a la universidad de Brown, dónde se graduó en Física y Música. Más tarde acudió al Centro de Música Electrónica de Columbia-Princeton, primera escuela de música electrónica de Estados Unidos, dónde obtuvo un máster en música; pero, lo más importante para ella, es que pudo estudiar con Otto Luening y Vladimir Ussachevsky, pioneros de la música electrónica, quiénes tuvieron gran influencia en el trabajo posterior de Wendy. 

    Después de graduarse, Wendy Carlos conoció a Robert Moog, inventor del sintetizador Moog, uno de los instrumentos más revolucionarios jamás creados, al que Wendy le hizo ligeras modificaciones, con las que terminó consiguiendo un sonido lírico y elegante jamás escuchado con anterioridad. 

    1968 es un año importante para Wendy Carlos, ya que fue cuando su carrera despegó de manera fulminante, con la publicación de Switched-On Bach, primer trabajo en el que un sintetizador sustituye a una orquesta. Se convirtió en la obra de música clásica más vendida de toda la historia y consiguió tres premios Grammy por dicho trabajo. 

    También el año 1968 fue importante para Wendy porque fue cuándo decidió empezar su transición. Se refería a sus años vividos como Walter como “una monstruosa pérdida de tiempo” Pero Wendy Carlos llevó su tratamiento hormonal en secreto, llegando a llevar patillas falsas, peluca de hombre o pintarse vello facial en la cara, para tener la apariencia de un hombre. 

    Fue en el año 1972 cuando se realizó la operación de reasignación de sexo y, siete años después, en 1979, apareció en la revista Playboy hablando sobre su transexualidad. 

“La revista siempre ha estado preocupada por la liberación y yo estoy ansiosa por liberarme”.

    Paralelamente, su carrera siguió creciendo y cosechó numerosos éxitos, ya que Wendy fue la responsable, entre otras, de bandas sonoras de películas tan memorables como La naranja mecánica, El Resplandor o Tron. 

    El haber hablado públicamente sobre su transexualidad nunca le afectó de manera negativa a su trabajo, siguiendo muy activa durante las décadas de los 80 y 90. Aunque sí se llegó a arrepentir de haber hablado para Playboy, por el tratamiento frívolo que tuvieron hacia la transexualidad, por lo que no se vio correctamente representada en dicho artículo. 

“El público resultó ser increíblemente tolerante o, si lo prefiere, indiferente…”.

    Wendy Carlos influyó en muchos compositores y en la nueva ola de música electrónica que aparecería después. También influyó y sirvió de inspiración a la comunidad LGTB+, ya que Wendy Carlos fue la primera mujer transgénero en hablar públicamente de un tema que, entonces, era tabú.

Miriam Guijarro
Voluntaria Información LGTB+ y COGAM TV

jueves, 29 de diciembre de 2016

Los objetos amorosos

En la última edición de Lesgaicinemad, recientemente finalizado, hemos podido ver la película “Los objetos amorosos”, del director español Adrián Silvestre y con la participación de las actrices Nicole Costa y Laura Rojas Godoy, esta última galardonada con el premio a la mejor interpretación femenina en dicho festival. El film narra la relación entre Luz (Laura Rojas Godoy), una mujer colombiana que emigra a Roma para intentar mejorar sus condiciones de vida, y Fran (Nicole Costa), una mujer chilena poco convencional y poco sujeta a las normas sociales. Entre ellas surgirá, primero una amistad, que dará paso a una relación turbulenta llena de adversidades.


TEASER Los Objetos amorosos


La primera parte de la película es un retrato de la dureza de la inmigración en Europa, en ocasiones, adoptando una estética documental. Acompañamos a Luz en su llegada, viendo cómo pierde todo lo que traía consigo en cuanto pone un pie en Italia, lo que le obliga a aceptar un trabajo precario y un alojamiento más precario aún.

Todo cambia en su vida con la llegada de Fran y el resto de la película girará alrededor de la relación entre ambas mujeres. A través de los personajes de Luz y Fran, vamos a ir desentrañando lo que es una relación tóxica, para lo que he contado con la colaboración de Isabel González Sáez, psicóloga y responsable de la asesoría de conflictos entre parejas del mismo sexo de COGAM.

Desde que se conocen, la vida de Luz se vuelve del revés, llegando a no tener nada, ni trabajo ni techo bajo el que vivir como consecuencia de acciones provocadas por Fran, aunque ésta lo enmascare como una manera de ayudar a Luz.  En opinión de Isabel González Sáez, “esto suele pasar porque la persona ¨tóxica¨busca que la otra persona dependa de ella, se produce una dependencia en la relación,con lo cual sí que es normal que le haga ver que la está ayudando y que es por su bien,hasta llegar incluso a convertirse en una especie de “salvadora”. No es una relación basada en el amor sano, sino en la necesidad.De ahí que Fran intentará que Luz sienta que no puede hacer nada sin su ayuday que dependa de ella para casi todo”. Luz llegará a pensar que Fran solamente la está intentando ayudar y que quiere que esté a su lado. Al haber llegado a no tener apenas nada, si siente que tiene a Fran a su lado y esto la ayuda a continuar, su objetivo será no perderla. Se produce por parte de Luz un miedo intenso a que Fran se vaya o la abandone, esto es común en las relaciones tóxicas. Y como en todas las relaciones de pareja, hablando de dos, lo que se produce dentro es algo bidireccional, no solamente la sensación de dependencia y el miedo al abandono vendrá de una parte. En este caso es Luz quien muestra lo muestra en mayor grado, más también Fran en gran medida.

Luz y Fran entran de esta manera en una espiral negativa y decadente, de la que parecen disfrutar al principio, revistiéndola de libertad. “Al principio crees que la relación va bien, estás en una nube y no te das cuenta de lo que está pasando realmente”, continua Isabel, “más tarde, las personas implicadas empiezan a usar más la parte racional que la sentimental y a percibir la realidad de la relación”.Al dejar de hacer cosas individualmente y hacerlas junto a la pareja, es un mito de que ¨las parejas cuando hay amor tienen que hacer todo juntas¨, cuando la realidad es que es muy importante tener espacios individuales, se trata de compartir sanamente, sin dejar de ser uno mismo.

Llega un punto en el que la existencia de Luz y Fran se traduce en decadencia y miseria, especialmente por la impulsividad, malas reacciones y malas decisiones de Fran, aunque ella se ve como la única persona que está haciendo algo para que la pareja salga adelante, acusando a Luz de no ayudarle en nada y de tener una mala actitud. Según Isabel González Sáez “las personas tóxicas suelen tirar balones fuera, en el sentido de no responsabilizarse de sus acciones y culpabilizar ala otra persona de la relación”, en este caso Luz llegará a creerse que es culpa suya y que tiene que cambiar para que la relación vaya bien y para que Fran cambie su actitud con ella, esto ocurre a menudo en las relaciones en las que hay conflicto, si crees que es tu culpa lo que está ocurriendo tratarás de cambiar tú, cuando la realidad es que son ambas y en este caso la responsabilidad de lo negativo es de Fran. También partimos de la base de que en una relación de pareja sana no hay culpabilidad, sino responsabilidad.

Por lo tanto, en esta pareja se pueden ver claramente dos personalidades diferenciadas. Por un lado está Luz, persona algo ingenua e inocente, deslumbrada por el desparpajo y el descaro desmedido de Fran, adoptando de este modo el rol de persona dependiente y llegando a necesitar la opinión de Fran para todo. “Esto se da incluso en decisiones muy superfluas, desde qué me pongo hoy a qué te parece la comida, si a ti no te gusta a mí tampoco”, comenta Isabel González Sáez, “, las características básicas de una persona dependiente son la inseguridad, baja autoestima, ansiedad, miedo al abandono, tristeza… pero sobre todo la necesidad de que el otro esté a cualquier coste, incluso renunciando a ser quién es, de ahí la frase y el sentimiento de pérdida de sí mismo en relaciones negativas que se mantienen y acaban. Cualquier persona sana puede convertirse en una persona dependiente en un momento dado de su vida atendiendo a las circunstancias vitales y de la relación que establezca”. No hay unas circunstancias específicas para ser dependiente en la relación de pareja o no serlo, ni el dinero, ni el género de la persona, ni la edad etc., tampoco es que siempre esa persona se va a comportar de manera dependiente, puede ser dependiente de una relación y no haberlo sido anteriormente, ni volver a serlo en las demás. Ni que sea dependiente en los demás aspectos de su vida, más que de su pareja. Y es positivo añadir que se puede salir de esta dependencia si la persona pone de su parte y que se puede prevenir para no establecer una relación en la que te comportes de esta manera.

Fran, por otro lado, es una persona egoísta y narcisista, que no tiene nada real que ofrecer a nadie, ya que sólo vive de quimeras. Para Isabel González Sáez, “la persona tóxica puede tener mil características: puede ser una persona dependiente, que es tóxica porque tiene miedo al abandono o al rechazo y provoca ese acercamiento para que el otro dependa más; puede ser una persona egoísta, puede ser una persona con alta o baja autoestima… no nos encontramos ante un patrón determinado”. Un mito es creer que las personas que se comportan así en las relaciones tienen alta autoestima y que no sufren las consecuencias de sus acciones, ya que tras una relación pueden empezar otra sustituyendo a la persona a la que han tratado de esta manera, obteniendo otra relación que dominar, más esto no siempre es así. Y hay muchas personas que han solicitado ayuda al darse cuenta de lo que les estaba pasando, de que no querían continuar siendo de esta manera en sus relaciones de pareja y que querían cambiar esta parte negativa de ellas, haya acabado esta relación o continúe. Y hay otras personas que pese a darse cuenta, pueden llegar a sentirse víctimas de la situación, pensando que la otra persona es la culpable de dejarles y que ellas no han hecho nada malo salvo intentar ayudar a su pareja, como le ocurría a la protagonista de la película. 

Por último, el consejo de Isabel González Sáez para personas que están en una relación tóxica es el siguiente: “no es fácil reconocer que se está en una relación conflictiva y menos de violencia psicológica, no se le da importancia, se cree que va a cambiar para bien, que dejar la relación no tendrá consecuencias para ellas, pero amar no es sufrir y cuando la relación no va bien y están pasándolo mal e incluso antes de dejarla, aconsejo pedir ayuda en su entorno más cercano y sobre todo a profesionales, aunque piensen que pueden hacerlo sin ayuda, siempre será más positivo y tendrá menos consecuencias negativas esta ayuda sobre lo que están viviendo y van a vivir”.

Los que habéis visto la película, no sé si tendréis la misma visión que tengo yo de ella; los que no la hayáis visto, espero que os haya picado el gusanillo y hagáis por verla. Pero, ante todo, el propósito de este artículo, es el que todos podamos reconocer lo qué es una relación tóxica y las maneras de poder salir de ella.

Miriam Guijarro Río
Voluntaria en Información LGTB+ y COGAM TV

Isabel González Sáez
Psicóloga de la Asesoría de Conflictos entre parejas del mismo sexo de COGAM