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jueves, 21 de noviembre de 2019

La sexualidad como mecanismo de control social



El capitalismo nos ha aportado numerosos aspectos positivos. Por ejemplo un mayor número de bienes y servicios de los que disfrutar. Sin embargo este régimen actual contiene una serie de dogmas que todxs en sociedad deberíamos seguir. Aquí entra el choque con el colectivo LGTB+ al no ajustarse al dogma de la sexualidad correcta.

Si cada una de las personas en sociedad actuase según le pareciese, la humanidad sería quizás mucho menos predecible y más peligrosa. ¿Los poderosos nos quieren tener controladxs?

A través de la cultura vemos como normales comportamientos que llevamos a cabo sin cuestionarnos. Al actuar así contribuimos a reforzar esta cultura. Aquí se incluiría la sexualidad, como expresión que incluye a los dos únicos posibles tipos de cuerpo (el del hombre y el de la mujer, dejando fuera a los intersexuales), la única correcta orientación sexual (heterosexual, dejando fuera homosexuales, bisexuales, pansexuales…) y  la identidad de género sana (cisexual, dejando fuera a los transexuales).

Una vez más debemos recordar que lo normal no existe. Que este control social que en ocasiones nos limita, y que ha sido insertado en nuestras mentes desde bien pequeñxs, puede quedar absolutamente anulado si desarrollamos nuestra autoestima; si comprendemos que la diferencia es la esencia y belleza del individuo; que no estamos solxs, que hay mucha gente como nostrxs; y buena parte de los que no lo son están dispuestos a querernos con nuestra particular esencia si nos levantamos cada día con valentía mirando al mundo con una sonrisa.


Fran 
Voluntario Servicio de Información LGTB+

lunes, 22 de agosto de 2016

Un día te "despiertas" y te das cuenta de...

   ... que todo lo que antes era un mundo ahora es insignificante, tanto que hasta dejas de pensar en ello, que tu vida a partir de este momento ya no será igual, que tendrás que adaptarte a esta nueva realidad. Para ciertas cosas nunca estás preparado por más informado que estés sobre el tema o por más que tengas un caso cercano porque para esto nadie te prepara. 

    Lo primero que se te viene a la cabeza son ideas relacionadas con la muerte, el deterioro físico, enfermedades, hospitales, cómo decirlo (si decirlo), a quién, cuándo, cómo va a ser tu vida a partir de ahora; tantas cosas juntas que no te da tiempo a responder casi ninguna porque la incertidumbre y el miedo te ocupa todo el pensamiento. Te cuesta llamarlo por su propio nombre por lo tabú que es el tema y porque, al igual que otras enfermedades, el nombrarlo te suena a algo negativo cuando encima en este caso pasas a ser "seropositivo", vaya contradicción.



A simple vista tener vih y ser seropostivo parece lo mismo pero es diferente porque en el primer caso tú serías (sólo) el vih y en el segundo serías la misma persona que eres pero portando un virus con el cual tienes que aprender a convivir desde este momento "para toda la vida" (de momento).


    
    Por un lado, te planteas quién te pudo haber infectado, cuándo, por qué te ha pasado a ti si piensas que no eres tan "promiscuo"; o que esto sólo le pasa a gente "mala". Te preguntas si tienes que empezar a llamar toda la gente que has tenido relaciones en el último tiempo. Por otro lado, piensas  si lo tienes hace mucho tiempo, si tienes qué comenzar a tomar medicación, qué tipo de medicación hay ahora, si estás todo el día vomitando, si te saldrán manchas, si engordarás y a la vez si se te adelgazará la cara, si tienes que comentarlo en tu trabajo, a cada médico que vayas, etc. Lo mejor es informarte, saber dónde informarte, relacionarte con gente que esté en tu misma situación (sobre todo al inicio) que es quien mejor puede entenderte, y que la información esté actualizada porque actualmente se ha avanzado mucho en este tema. 

    Actualmente, se ha avanzado mucho en lo referido al vih en varios aspectos: medicación, asociaciones, la gente está más abierta e informada, etc. El aspecto social también es un gran factor con el que te enfrentas porque nos relacionamos con otras personas en diferentes ámbitos: trabajo, familia, amigos, deporte y, el más importante, el amor (que en un comienzo suele ser rollo/polvo/etc).

    Lo que más cuesta es saber si se lo tengo que decir a todo el mundo y en qué momento decirlo. En mi opinión, creo que lo mejor es decirlo cuando tú te sientas cómodo y seguro, y a las personas que realmente van a poder entenderte, apoyarte y van a sumar; porque ya bastante tienes para encima tener una nueva preocupación (y no pequeña) en tu vida de preocuparte por los demás. Cuando conoces a una persona que te gusta sientes que debes protegerlo como si fueras responsable de lo que le pueda pasar, de que lo puedas contagiar. Encima lo triste es que tu cabeza tiene tal mareo que el sexo pasa a un segundo plano. Como mecanismo de autodefensa te vuelves asexual por un tiempo y en lo que menos piensas es tener una posible relación afectiva. En mi caso particular, he pasado por diferentes situaciones: decirlo al inicio de conocer a una persona (la gente suele asustarse y salir corriendo), en unos meses y después de tiempo de conocerlo. Por experiencia creo que lo mejor es decirlo cuando te nazca (que a lo mejor es nunca) porque confiar a alguien algo tan íntimo e importante lleva tiempo. Además, por otro lado, tampoco le cuentas determinadas cosas al conocer a alguien, y viceversa.

    Es importante saber que no estás obligado a decirlo (ni por ley) a ninguna persona que no quieras, en el trabajo, cuando vas al médico o al dentista, es algo estrictamente personal y confidencial. Ninguna empresa puede hacerte una prueba del vih sin tener tu consentimiento firmado por escrito.

Lo bueno es que el tiempo es sabio y con el tiempo aprendes a normalizarlo, a relativizarlo y aprender a vivir con esta enfermedad crónica como cualquier otra, y hasta te das cuenta sólo que lo tienes cuándo tienes que ir al médico a una revisión o cuando quieres contárselo a alguien. El tener vih obviamente nadie lo desea pero lo principal es ver el lado positivo, que aunque en un primer comienzo es casi imposible verlo, luego te das cuenta que tiene muchas cosas positivas (aunque sea redundante). Entre ellas: maduras más de prisa (dejas de preocuparte por tonterías), filtras gente (para bien y para mal) más rápido porque ya tus necesidades son otras, médicamente estas más controlado porque la revisión periódica hace que te enteres de cómo está tu salud, etc.


Por último, quiero aclarar que esta opinión es totalmente personal y que cada persona es un mundo y lo vive de diferente manera. Lo importante es saber que la vida es muy corta y hay que vivirla lo mejor que uno pueda, porque es una sola.

Voluntario Grupo Información LGTB+

domingo, 17 de abril de 2016

Violencia doméstica (intragénero)

    La violencia intragénero es aquella que se produce en el ámbito de parejas o ex-parejas del mismo sexo/género y puede ser -como todas las violencias- psicológica, física, sexual, económica, etc. Es una conducta puesta en marcha por uno/a de los/as integrantes para controlar y/o someter a la persona.

    En este texto referiré a lesbianas, gais y bisexuales con las siglas LGB, no obstante, al hablar de LGBTfobia incluyo también a las personas transexuales, puesto que la transfobia juega un papel fundamental en la violencia contra el colectivo en su conjunto. En el caso de personas transexuales heterosexuales, la violencia que puedan sufrir queda recogida tanto en la violencia doméstica (en el caso de hombres trans) como en la violencia de género (en el caso de mujeres trans).

    En las relaciones de pareja se tiende a asociar como amor conductas que, en muchos casos, son la semilla de la violencia. Y así los celos, la posesividad, la abnegación y los conflictos se ven como algo positivo y engrandecedor del amor. Este modelo de relación de pareja, de amor, responde a la necesidad histórica del sistema patriarcal de generar una jerarquía en las relaciones, situando al hombre por encima de la mujer. La primera oportunidad de ejercer violencia viene dada por el hecho de que una de las partes se sienta legitimada para ejercer violencia sobre la otra y, que considere que ese comportamiento violento es el medio de lograr el fin que se propone.


    En el caso de la violencia de género el reparto de poder se hace de una forma determinante a través del sexismo. En la violencia intragénero este reparto atiende a otras variables como pueden ser el nivel de estudios, económico, la raza, la situación administrativa en el país de residencia, la salud, la edad, la visibilidad, etc.

    La LGBTfobia contribuye a encerrar a las parejas del mismo sexo (en las que existen rasgos de violencia intragénero) en sí mismas, aislándose del entorno, provocando aún más vulnerabilidad al entender que el enemigo de fuera -el que les rechaza por su orientación o identidad- es más peligroso que el que se tiene en casa, puesto que este último al menos nos comprende y comparte condición. Esto es especialmente grave cuando se vive en entornos rurales o cuando la relación y/o la orientación sexual no son públicas.

    No hay que perder de vista que la violencia es responsabilidad únicamente de quien maltrata, que en su mano está ejercerla o desaprenderla.

    La violencia intragénero no se articula en torno al sexismo ni a la desigualdad de poder entre mujeres y hombres. Por tanto, aunque algunas de las manifestaciones de violencia intragénero coincidan con las de violencia de género, no es menos cierto que existen especificidades que le son propias, además de un origen distinto.

    No es mi intención debatir sobre los términos violencia de género, violencia intragénero, violencia doméstica, etc puesto que lo mas relevante es el significado que le atribuimos a cada término. Existen diferentes tipos de violencias, con diferentes causas y diferentes necesidades de respuesta y eso es un hecho incontestable. La violencia de género está reconocida y protegida gracias a las campañas y a la ley integral.

    La violencia doméstica está recogida en el ordenamiento jurídico español, y estaría bien visibilizar los recursos jurídicos existentes e informar a las personas LGB de los mecanismos de defensa que tienen. La violencia de género y la violencia doméstica no son mutuamente excluyentes, y por tanto, deben ser atendidas de forma distinta. Una ley genérica sobre violencia doméstica dejaría fuera muchos casos de violencia de género y viceversa.

    Para la violencia doméstica los recursos existentes son aquellos planteados en el Código Penal: penas de prisión, multas, órdenes de alejamiento. Los recursos públicos varían de una comunidad autónoma a otra. Podemos encontrar desde servicios de violencia de género. centros de atención a víctimas, servicios sociales con programas de atención a violencia doméstica, etc. hasta lugares donde no hay prácticamente nada.

    Yo mismo soy víctima de violencia doméstica (intragenero) desde hace 4 años. Lo que me pasó fue una agresión brutal por parte de un compañero de piso también él gay. Esa agresión me llevo a un fuerte estado de estrés psico-físico al que luego se añadieron otros factores de debilidad: me echaron del piso que tenía alquilado, me hicieron acoso laboral (ya que se habían enterado de lo sucedido, debido a las muchas ausencias que hacia entre las visitas médicas y el juicio que tuve) y fui el único al que no se le renovó el contrato de trabajo. Para mi fue un año terrible, aunque tuve la suerte de acudir a los servicios sociales y obtener una orden de alejamiento. Muchos de mis amigos me aconsejaron volver a Italia para superar todo eso, pero yo al ser muy testarudo, decidí quedarme a Madrid para resolver todo de una manera definitiva. Con mi ejemplo quería ayudar a las personas que habían sufrido eso tipo de violencia.

    Por supuesto todo eso no se supera con facilidad, pero se puede hacer. Y una muestra de ello es el texto que escribo, firmo y publico hoy.

Andrea Puggelli (@aikkomad)
Activista italiano LGBTQI

* Publicado originalmente en: 20 MINUTOS

domingo, 10 de enero de 2016

En la muerte de Robert Spitzer

    El 25 de Diciembre de 2015 ha fallecido en Seattle (Washington, EEUU) el psiquiatra Robert Spitzer, que se distinguió en el desarrollo del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM en sus siglas en inglés).

   
  Desde 1966 trabajo en la modernización del DSM , al concentrarse en la cuantificación y análisis de síntomas y comportamientos. Uno de los primeros comportamientos revisados fue la homosexualidad, que en el DSM estaba considerada como una enfermedad mental. Spitzer consiguió, en 1973, alcanzar un compromiso para retirar la homosexualidad como enfermedad mental. 

    Fue el presidente del grupo de trabajo del DSM-III en 1980 y estuvo vinculado al DSM-IV en 2003 y al DSM -V en 2013. La Organización Mundial de la Salud aceptó el criterio del DSM en 1990, cuando la institución recabó apoyos suficientes para oponerse a las corrientes integristas de diferentes religiones que tienen poder en muchos países, encabezados por los ochenta países que aun penalizan la homosexualidad de alguna manera, que se oponían a despatologizar la homosexualidad.

    El activismo de la Comunidad lgtb ha considerado siempre que esa pionera rectificación fue decisiva para iniciar una gradual transformación en la percepción de la homosexualidad por parte de la sociedad. Pero siempre hay una de cal y otra de arena, en 2001 escribió un estudio que se llamó ¿pueden algunos gays y lesbianas cambiar su orientación sexual? Donde argumentaba que era posible que algunos individuos altamente motivados podrían cambiar su orientación sexual de homosexual a heterosexual. Spitzer indicó que había hecho doscientas entrevistas telefónicas en la que, los encuestados, afirmaban que sus respectivas orientaciones sexuales habían cambiado de homosexual a heterosexual. Spitzer dijo que comenzó su estudio como un excéptico, pero este estudio reveló que el sesenta y seis por ciento de los hombres y el cuarenta y cuatro por ciento de las mujeres  entrevistados habían llegado a lo que, él, llamó un buen funcionamiento heterosexual.

    La APA (American Psychiatric Association) emitió un desmentido oficial de este estudio y señaló que no había sido revisado por expertos y afirmando que no había evidencia científica publicada que apoyase la eficacia de la terapia reparativa como un tratamiento para cambiar la orientación sexual. En 2012 Spitzer rectificó y pidió disculpas y se retractó de su estudio, indicando que estaba de acuerdo con sus críticos.

    En cualquier caso, sin su contribución, hoy estaríamos hablando de otra realidad en la  percepción de la homosexualidad por parte de la Medicina y por ende de la Sociedad.

Sirva este articulo como un humilde homenaje.

Ángel García-Pascual
Voluntario de "Gay-Inform, Línea lesbos, Bi, Trans"


domingo, 15 de noviembre de 2015

Vivir con VIH

No hace mucho tiempo descubrí mi capacidad impresionante de amar y ser amado, sin barreras, sin miedos, sin vergüenza. Atrás quedaron aquellos años de intentar conectar con otros hombres, de buscar su amor, en lugares que más tarde me harían sentir vacío.

El contraer el VIH, lo cual durante muchos años sentí como una piedra más que cargar en mi saco de auto-rechazos, ha pasado a ser una oportunidad de aceptarme completamente como soy, con virus incluido.

Intenté vencer mi homosexualidad a través de terapias reparativas. No sirvieron de mucho, si acaso para descubrir que nací gay y lo seguiré siendo toda mi vida, afortunadamente.

Poco a poco fui descubriendo que mi orientación sexual, un demonio al que me había enfrentado durante toda mi vida o del que había huido despavorido, era y es en realidad una parte intrínseca de mí que debía abrazar, nutrir e integrar en mi ser.

El sexo siempre había sido una forma de obtener de otros hombres, anónimos o conocidos, esa parte que creía que me faltaba. En realidad buscaba en otros el amor que yo pensaba que no tenía dentro y debía conseguir a toda costa. El ser seropositivo no ayudó en aquella época, ya que se mezclaba con el miedo y la vergüenza interna.

En el proceso de aceptarme totalmente como hombre gay seropositivo, también tuve que desaprender mi  forma distorsionada de expresarme sexualmente.

Progresivamente he ido aprendiendo a disfrutar del sexo como una oportunidad de divertirme, de compartir placer, energía sexual tántrica, fuerza, potencia, amor, conexión de corazones. Es posible compartir esa conexión de forma desinteresada en cualquier encuentro con cualquier persona.

Sin embargo, solo he podido llegar a ese punto (y el camino de descubrimiento continúa) tras descubrir que no me falta nada, que lo tengo todo desde el principio. Tengo tanto que lo quiero compartir, a través del sexo, de una caricia, de una palabra, de este blog.

Durante mucho tiempo creí estar solo. Ahora sé que somos una tribu gigantesca, formada por personas con sus vivencias y sus formas únicas de amar. En el contexto de esta tribu multicolor podemos encontrar el apoyo que necesitamos, para poder comenzar a vivir plenamente, sin miedo.


La vida misma se encarga de llevarnos a esos puntos de inflexión, oportunidades de oro para volar y ser libres. 

Pablo Fernández-Arias
Voluntario Gayinform; Línea Lesbos, Bi, Trans


domingo, 14 de junio de 2015

¿Qué hago si mi hijo me pide un vestido de princesa?

    Si mi hijo me pide para su cumpleaños un vestido de princesa es porque es una mujer transexual? Si mi hija pidió una equipación de fútbol es porque es un hombre transexual?

    Si su hijo o hija le pidió estas cosas como regalo por su cumpleaños será porque es algo que le gusta, que forma parte de sus intereses, con lo que le gustaría jugar y que quiere tener. Nada más. No significa que sea gay, ni lesbiana, ni bisexual, ni trans*. Lo único que pone de manifiesto es que su hijo/a tiene una expresión de género no convencional, es decir que difiere del comportamiento/gustos/roles de género que tradicionalmente se espera que tengan los niños o niñas.



    Pero sí hay algo más. Si su hijo/a se atreve a pedirle estas cosas para su cumpleaños es importante que tenga en cuenta lo siguiente:

1.-Que su hijo/a ha sido lo suficientemente valiente para hacerle llegar una petición que sabe que va en contra de los parámetros establecidos de género, y por tanto de las cosas que nuestra sociedad le ha enseñado que son de niños o de niñas. Y no se equivoque, por muy pequeño/a que sea el niño/a ya sabe la reacción que provoca en los adultos cada vez que expresa esos gustos y preferencias que van en contra del patrón convencional del género. Lo ha aprendido de las miradas que ha recibido por parte de sus familiares, de los comentarios por lo bajo que ha visto que suscita en otros adultos cuando lo hace, o de las risas y críticas que abiertamente provoca en su grupo de iguales. Por tanto entiende perfectamente la penalización social que conlleva lo que está pidiendo.

2.-Una vez entendemos que mi hijo/a entiende lo “transgresor” que esto puede ser para algunos adultos; que tenga el valor de pedírnoslo significa: que tiene la confianza necesaria en nosotros como padres para hacerlo y que sabe que no le/la juzgaremos por pedirlo. Como progenitores esto nos debe llevar a la conclusión de que lo estamos haciendo bien, que estamos ofreciendo una educación abierta y diversa a nuestros hijos que les hace saber que pueden mostrarse tal y como son y por tanto expresar sus gustos y personalidad de forma libre y sin miedo a nuestros prejuicios.

3.-Debemos diferenciar la expresión del género que mi hijo/a tiene, de su orientación sexual o identidad de género. Pero también debemos saber que hay estudios que han demostrado que una gran parte de los niños con un comportamiento de género no convencional pueden ser adultos gais, lesbianas o bisexuales en un porcentaje alto. En menor número adultos transexuales, o heterosexuales.

    Por tanto ni todos los niños que nos vestíamos en la infancia de princesas somos mujeres transexuales, ni todos aquellos que tenían una expresión de género convencional son heterosexuales o cisexuales. No existe ninguna relación univoca entre la expresión de género no convencional y determinada orientación sexual o ser una persona trans. Por tanto si mi hijo o mi hija ha realizado por su cumpleaños una petición que no encaja dentro de los parámetros de género tradicionales, sólo significa eso, que se sale de esos parámetros más encorsetadores del género.



Pero también es verdad que este hecho me debería de poner alerta para:

1.-Seguir fomentando un entorno familiar seguro y respetuoso ante la diversidad . Donde el menor pueda expresarse tal y como es, que le libere del miedo a no cumplir los roles de género preestablecidos socialmente de lo que es femenino o masculino. Una educación que además debe incluir la normalización de la diversidad de orientaciones sexuales y de que es posible ser una persona trans. Que todas las opciones son “normales” y buenas. Este entorno permitirá que el niño/a sienta que sus padres le quieren tal y como es, permitiendo mantener intacto ese sentimiento de amor incondicional que es fundamental para su buen desarrollo físico y mental. Ya que sea cual sea su orientación o identidad será él el que la manifieste y cuanto más diversa sea la educación que reciba, menos dificultades tendrá a la hora de realizar ese proceso de autoidentificación.

2.-Dotar al niñ@ de herramientas que le permitan afrontar las posibles situaciones de rechazo que pueda experimentar. Tiene que saber que no todo el mundo entenderá y respetará igual de bien sus gustos y expresiones no convencionales fuera del entorno familiar (seguro y comprensivo). Hay que empoderarle para que sepa que él o ella no tiene ningún problema, que el problema es de los demás, de esos que no respeten o entiendan la diversidad.

3.-Ver si su expresión de género va acompañado de otro tipo de indicadores como: la incomodidad con el cuerpo, el sentimiento de que su género está mal asignado, la creencia que cuando crezca se desarrollará según el sexo contrario, o la petición de que se le llame por un nombre que no coincide con su sexo de asignación). En este caso lo que puede estar pasando es que nuestro hijo o hija sea trans. Si es así, es fundamental entrar en contacto con profesionales especializados que nos guíen en este proceso con dos fines fundamentales: ofrecernos información adecuada y libre de prejuicios tanto sobre las realidades trans como los diferentes itinerarios existentes, como por otro lado permitirnos entrar en contacto con iguales. La finalidad de todo esto será que el menor realice un proceso autodeterminativo de su realidad, es decir, que si lo necesita, alguien pueda ayudarle a que él mismo identifique qué es, qué le pasa, y qué tipo de ayuda necesita.

    Todos tenemos que hacer un ejercicio que nos ayude a liberarnos de la educación rígida sobre género que hemos interiorizado. Cuando un niño transgrede las normas de género, sólo significa eso. No debemos asociarlo directamente a determinadas orientaciones sexuales o a ser trans, ya que al final estaríamos cometiendo la misma equivocación. Tan sólo debemos estar atentos. Debemos permitirles ser libres. Que sean tal y como son, y después ya serán ellos los que nos digan cuál es el camino a seguir. Sólo hay que estar atentos y mirar con la mente abierta.

    Si cree que necesita recibir más información sobre este asunto, no dude en ponerse en contacto con nosotrxs.

Fundación Daniela es una entidad sin ánimo de lucro cuyo objetivo principal es terminar con la discriminación que sufre el colectivo de niños/as y adolescentes Trans*. Por eso nos hemos comprometido a sensibilizar a la sociedad con el fin de erradicar la discriminación y el estigma que sufren estos jóvenes y conformar una red de profesionales especializados que atiendan a nuestros hijos desde una perspectiva despatologizante y libre de prejuicios.



    Para ello creemos que la sociedad tiene que liberarse de las visiones reduccionistas y llenas de prejuicios que manejan sobre la sexualidad y el género, para llegar una visión menos encorsetada, menos dicotómica y más abierta.

Puede localizarnos a través de los siguientes datos de contacto:

Fundación Daniela
+0034 645819009


Isidro García Nieto. 
Gerente de Fundación Daniela
Trabajador social y sexólogo del Programa LGTB de la Comunidad de Madrid

jueves, 4 de junio de 2015

Carta a una periodista

     Existen profesionales... Que lo serán.... Nadie soy yo para dudarlo... Que aspiran escribir un articulo sobre las personas mayores LGTB, como si se tratase de una estadística sobre la calidad de una telefonía móvil. Recibí una llamada de teléfono de una periodista que necesitaba hacer un reportaje, rápido, sin implicación, sin sentimientos.... Un reportaje "Charter"


     Pretendía la buena señora, una entrevista por teléfono, en la que debía responder a un cuestionario estúpido, para un articulo de un periódico de tirada nacional. Debía salir dicho articulo al día siguiente y según la periodista, debería demostrar, si existía la homosexualidad descubierta o reconocida después de los 50 años. No deseo por respeto a este colectivo de personas, describir el contenido de la conversación, pero si os contaré que le hice un ruego a la "reportera dicharachera" y fue que, desde mi personal opinión, debería tener un poco mas de empatía con estas personas y bastante menos soberbia. 


     Si querida periodista... Si... Existe un colectivo que "salió del armario" después de los 50 años. Un colectivo de hombres y de mujeres que han sufrido y aún sufren víctimas de sus propias realidades. Fueron considerados delincuentes, degenerados y enfermos hasta la década de los 80 y hoy todavía tienen difícil aceptación  en algunos círculos. Aún podemos escuchar "chistes de mariquitas" y descubrir miradas de desaprobación en algunos espacios sociales. Estos protagonistas de tu reportaje señora periodista, optaron la mayoría, por la invisibilidad en su juventud. Fue una generación de tristes hombres y mujeres escondidos en sus propias mentiras a las que alimentó el miedo. Sermones en púlpitos advertían sobre el pecado por ir "contra natura", risas y burlas sobre el diferente, exclusión familiar y social... Emociones en definitiva, que fueron caldo de cultivo para que sentimientos de culpa afloraran en las personas homosexuales. 

     Otros, lucharon por su derecho a amar, recibieron palizas, se les echó de sus trabajos, se les señaló en sus barrios y se les sacó de una sociedad que les pertenecía, mientras sentían la culpa de la vergüenza familiar. Entraron en cárceles sin haber cometido mayor delito que amar a alguien de su mismo sexo y algunos murieron por la rabia y la intolerancia de otros. Este panorama alentado por una sociedad conservadora y ultra católica que aún colea en la actualidad, disuadió a muchas personas homosexuales a reconocerse y a aceptarse. Tanto en el entorno rural como en el urbano coexisten personas que aún sufren el estigma de años de vacío, de incomprensión, de rechazo... En las grandes ciudades es mas fácil perderse y pasar inadvertidos, pero en los pueblos pequeños, donde todo el mundo se conoce y no puedes esconderte de las miradas de la gente, el trato  al  diferente,  es un  dardo envenenado que excluye.


     
     A pesar de este camino de obstáculos de vida, poco a poco y acompañados de muchos miedos y ansiedades, existe un colectivo que tímidamente va "saliendo del armario" Explicaciones a hijos ya mayores, confesiones ante su propio espejo... Reconociéndose.... Respirando cuando el aire apenas llega a tus pulmones, debido al peso de la culpa por ser distinto y formar parte de un colectivo maldito durante décadas.

     Es un colectivo que tímidamente comienza a ver la luz, a atreverse, a asomarse, a ser ellos mismos, a empoderarse y tomar las riendas de su vida. Es un colectivo de personas homosexuales que se está encontrando, que está confluyendo en un camino común y amable y que solo pretenden ser "ellos mismos" Es un colectivo que lucha contra la heteronormatividad, un colectivo señora periodista, que clama porque personas como Ud. no presupongan, juzguen, osen, se atrevan y nos marquen "la hoja de ruta" sobre como "abandonar nuestro armario."

     Solo eso, señora periodista... Casi nada.....!!!!!!!


Rebeca "El Ave Fénix"

domingo, 18 de enero de 2015

Homosexualidad y mundo rural

    A través de nuestro servicio hemos tenido ocasión de contactar con muchas personas que viven en ciudades pequeñas y pueblos, tanto de la Comunidad de Madrid como del resto del Estado. Sus circunstancias, han sido y son, distintas de las que podemos encontrar en aquellos que viven en una ciudad grande. 

    La primera diferencia es la posibilidad del anonimato en una ciudad grande frente al hecho de que “todo el mundo se conoce” en un pueblo, La normalización de la homosexualidad y transexualidad en nuestro país no ha concluido en ningún sitio, ni en las grandes ciudades ni en las pequeñas poblaciones rurales; es una labor que llevará mucho tiempo y mucho esfuerzo de todos. Pero está claro que en una ciudad grande tienes la posibilidad de vivir tu condición sexual “sin levantar sospechas” tan solo con salir de tu barrio, seguramente muchos pensareis que no es la manera más honorable de proceder pero a muchos de nosotros nos es más sencillo y fácil actuar de esta manera y ocultar a nuestros vecinos cercanos nuestra condición y solo convertirnos en homosexuales al llegar a Chueca o a los sitios de ambiente de cualquier ciudad grande. Esta posibilidad no existe en un pueblo, suponiendo que en tu pueblo halla un sitio donde se reúnen los homosexuales y lo frecuentes, ya sabes que todo el pueblo sabrá en poco tiempo que vas por allí.

    Hoy en día sigue habiendo prejuicios sociales y la homosexualidad sigue estando estigmatizada, aunque es cierto que lo es por minorías intolerantes que no respetan a los demás y que no terminan de asumir los valores democráticos. Debemos estar alerta ante cualquier intento de revisión o retroceso en nuestros derechos.

    Vivir la homosexualidad con discreción es una opción que debe tomar cada uno libremente, porque nadie puede exigirnos que estemos justificándonos y pidiendo perdón por nuestra manera de ser toda la vida. Las burlas, la ironía o la violencia forman parte nuestro curriculum y por eso el sometimiento, la ocultación y la persecución las hemos padecido a lo largo de la historia y hoy sigue siendo así en gran parte del mundo.

    Muchas personas que nos contactan y nos hablan de sus diferentes situaciones en lugares pequeños coinciden en algunas cuestiones, por ejemplo suelen decirnos que casi nadie sabe de su condición, aunque a veces pueda ser evidente, “pero yo no lo digo...” y suelen concluir con un “ya he aprendido a vivir así” y lo que más triste me parece a mi es que estas frases no solo te las dicen personas de edad sino que hay jóvenes que tienen también asumida esa realidad.

    Es evidente que hay muchas otras personas que viven su realidad sin cortapisas, y son cada vez más, y es cada vez más habitual ver aceptada la homosexualidad y transexualidad sin ningún problema en muchos pueblos, pero siempre hay que estar atento a cualquier posibilidad de homofobia por parte de alguien.

    Desde nuestro servicio se hace difícil en muchas ocasiones ponernos en su situación sin juzgarlos y pensar que ya está todo hecho y que la normalización de las personas lgtb es total, aquí y en todas partes, pero no es así porque qué le podemos decir a alguien que nos llama desde un pueblo apartado de Andalucía y nos pregunta, con cierta ingenuidad “si es cierto que en algunos bares de la capital los camareros están desnudos o incluso los clientes pueden estar también desnudos...” más allá de que esta pregunta nos pueda parecer banal, tenemos que entender que esta persona (y no es un caso aislado os lo aseguro) está sola, muy sola, en un pueblo lejos de cualquier ciudad grande y que no tiene, ni ha tenido, posibilidades de salir de ahí.

    Naturalmente, Internet, ha sido una tabla de salvación para muchos de nosotros, porque ese aislamiento se reduce infinitamente, aunque la red no sea siempre ideal y podamos encontrar páginas homofóbicas  que pueden hacer mucho daño.

    Hace un tiempo me llamó una chica de Aranda, pueblo bastante grande, que me preguntó si era cierto que ya no editábamos la revista “Entiendes” que ella recibía por correo, le dije la verdad, ya no la editábamos porque no teníamos dinero para ello y que la íbamos a poner en nuestra web por internet..., ella me contestó llorando que “no tengo Internet y la única manera que tengo de estar al día de la actualidad del mundillo LGTB es a través de la revista que recibía de vosotros...” os imagináis la situación? Sois capaces de poneros en su piel? Y no de me digáis que os iríais del pueblo, porque no es tan fácil.

    Nos escribió una persona, por correo electrónico, desde un pueblo de Ciudad Real con cuarenta y cuatro años que nos pedía ayuda porque “llevo muchos años encerrado en un cuerpo que no quiero” en su pueblo no tenía posibilidad de contárselo a nadie y “necesito ayuda para saber que debo hacer y como hacerlo”. También nos indicaba que cuando estaba sola se vestía de mujer pero no siempre porque vive con su madre, además estaba en el paro y no tenía recursos para operarse... 

    Podríamos seguir poniendo muchos ejemplos más, los que os he relatado son verdaderos aunque no hemos puesto nombres y los sitios no son exactamente esos para preservar la intimidad de estas personas.

    Vivir en una población pequeña donde todo el mundo se conoce no es fácil y se puede convertir en una verdadera cárcel para muchos de nosotros, tendríamos que intentar salir de las grandes ciudades e intentar acompañar a estas personas para que puedan tener una vida más libre.

Ángel García-Pascual
Voluntario de "Gay-Inform, Línea lesbos, Bi, Trans"

domingo, 14 de diciembre de 2014

EL PROCESO DE ACEPTARSE HOMOSEXUAL

    Hoy quiero exponer un punto de vista sobre el proceso por el que pasamos hasta aceptar la propia homosexualidad.

    Dado que vivimos en una sociedad heteronormativa, es decir, que presupone la heterosexualidad de todos sus miembros en tanto no digan lo contrario, asumirse como heterosexual no es algo consciente en las personas concernidas. Sin embargo, asumir la homosexualidad es más dificultoso. Que en el entorno, todos –o la mayoría de las personas- suelen ser heterosexuales, es quizás el menor de ellos.

    Más importancia tiene que ya desde la infancia, antes de comprender que existe la orientación sexual, hemos escuchado llamar a alguien “marica” o “marimacho”. Por el contexto aprendemos de entrada que esas palabras son despreciativas, y luego, que describen a las conductas que no se consideran propias del género correspondiente. Y aunque no sepamos exactamente por qué, hemos notado como el agresor se sitúa por encima del agredido, al que le hizo saber su desprecio. Así, muy temprano en la vida, se van asumiendo los valores homófobos que tiene la sociedad, es decir, se internaliza la homofobia.



    Es bastante común en entrevistas a homosexuales adultos, que cuenten que desde pequeños ya se sentían diferentes de los demás. Sin embargo, no siempre quienes se han sentido diferentes de niños, han sido homosexuales de adultos, pues aunque en menor proporción, muchos de ellos se han orientado luego hacia la heterosexualidad. También ocurre que peques sin esa sensación se identifican homosexuales en la edad adulta.

    A medida que crecemos, llega un momento en que los jóvenes empiezan a tomar conciencia de las señales sexuales que emite el mundo que los rodea. Al escuchar las charlas de sus compañeros, algunos pueden asociar lo que sienten con lo que han escuchado acerca de la homosexualidad y pueden quedarse por un tiempo confundidos. También puede ocurrir que se sientan excitados por personas de cualquier sexo.

    Dado que ha presenciado insultos hacia quienes se tenía por no heterosexuales, la persona en cuestión, puede negar la propia homosexualidad y evitar situaciones en las que quedaría más patente la diferencia de su conducta con la de sus colegas en la misma situación. O que elija actividades vinculadas especialmente al género al que pertenece, un deporte rudo los chicos, o la danza las chicas, por ejemplo, con la esperanza de ser tomado como uno más del grupo, intentando evitar que sospechen de ella.

    Desde luego, hay casos en que la persona acepta rápidamente que es distinta, e incluso, tiene tanta conciencia de su homosexualidad que prefiere desafiar al entorno afirmando los propios deseos contra viento y marea aunque sufra discriminación por ello.

    La mayoría de las personas se dan tiempo para aceptar su homosexualidad, pudiendo recurrir al mecanismo de disociar lo afectivo de lo sexual. Al no centrar en una única relación ambas facetas, ganan tiempo para posponer la aceptación. Las chicas suelen vivir experiencias de mucha afectividad y sin sexo con otras chicas y los varones, experiencias sexuales sin afecto con otros varones. Y pueden decirse a sí mismos que “cuando quiera, seré heterosexual”.

    Hay quienes quedan mucho tiempo en esta etapa, manteniendo separada la identidad del comportamiento, algo más visible en los hombres. En las campañas de prevención del VIH, se reclama su atención llamándolos “HSH”: hombres que tienen sexo con hombres. De esa manera se busca acceder a individuos que no se consideran parte del colectivo LGTB y que no creen que una campaña orientada a los homosexuales tenga que ver con ellos.

    Entre las mujeres suelen darse más casos de preferencia cruzada, es decir, ellas aceptan en mayor proporción una conducta bisexual -se definan o no como tales- alternando el sexo de sus partenaires a lo largo del tiempo. Esta conducta es compatible con la heteronormatividad vigente, que pone el foco en sus relaciones con los hombres mientras que disfrutan de la famosa “invisibilidad de las lesbianas” y la mayor permisividad social ante las muestras de cariño entre mujeres.

    La aceptación de una identidad homosexual, requiere diversos cambios. Algunos tienen que ver con visualizarse a uno mismo como homosexual (da igual si es lesbiana o gay) llevando una vida satisfactoria, sintiéndose bien siendo homosexual. Otros cambios pasan por superar el temor a la soledad y al rechazo, y otros involucran a la propia conducta. Como resultado de todo esto, cada persona puede pasar por dos fases sucesivas.

    La primera es la definirse homosexual. Esta es la tarea más difícil del proceso. Cuando el modo de pensar precedente –la negación, el autoengaño- ya no resulta válido, se termina aceptando que la homosexualidad está y se quedará, por lo que debe ser integrada en el concepto de sí que cada uno tiene. Lo que hasta entonces se ponía de negativo en la homosexualidad, en lo sucesivo se coloca en las implicaciones sociales que tiene. Como en general ser homosexual está peor visto que no serlo, el asumirse no es tan fácil como asumir otras formas de ser, por lo que suele existir un cierto malestar personal y puede requerirse ayuda profesional.

     Toca entonces integrar la homosexualidad a la persona que uno pensaba que iba a ser. Es que en general, cada uno de nosotros no se imagina que será homosexual antes de reconocer el propio deseo sexual. Solemos ser educados por gente que pensó que seríamos heterosexuales, hayan sido nuestros padres o no, y como hemos dicho, dada la heteronormatividad vigente, quienes nos rodean suelen atribuirnos ser heterosexuales hasta que no digamos lo contrario. Cada una de esas personas nos trató en consecuencia con ello.

    En muchos casos uno debe revisar las creencias religiosas porque pueden ser poco compatibles con la nueva identidad. También es posible que elijamos seguir con una doble vida, porque consideramos que nos da las ventajas de ser homosexual sin tener que padecer los inconvenientes que parece conllevar.

    En la última fase, la tarea de integración de la homosexualidad en la persona, continúa. Si primero suele vivirse una etapa en la que se da un valor enorme a la homosexualidad, cuando cualquier opción personal está marcada por creernos homosexuales, luego la homosexualidad es puesta en un sitio más secundario. Pasa entonces a quedar limitada a los aspectos sexuales, pero ya no es el eje de lo que somos. A veces sobreviene una crítica a la sociedad por lo que tiene de homófoba, y a la vez, una demanda de aceptación que se materializa en la salida del armario.

    La sociedad nos suele proponer un modelo de mundo homosexual, que cada homosexual atisba para luego decidir si se integra en él o se mantiene fuera. Este mundo nos da un espacio donde encontrarnos con otros homosexuales, pero a su vez, nos impone unos ciertos valores y modelos de conducta que pueden no convenir a todos, y que nos condicionan.

    
Por ejemplo, dada la homofobia social que sobrevive de tiempos precedentes, los sitios de encuentro de homosexuales no son frecuentados por heterosexuales, y muchas veces, los sitios son específicos para gays o para lesbianas. Así, dan la seguridad de que quienes sean encontrados allí serán de la misma condición, y a su vez, facilita que con frecuencia, también ofrezcan un marco para practicar sexo.

    Esto aleja de hecho a muchos homosexuales de esos sitios, en tanto que atrae a otros, condicionando la percepción que cada homosexual tiene del colectivo. Ya que aunque su público sea mayor o menor, su visibilidad es enorme, al punto de erigirse como un modelo. Lo cual incide para que muchos homosexuales se crean diferentes de los demás y no encuentren con facilidad referencias válidas y alternativas para vivir su orientación sexual. Esto es especialmente sentido por aquellas personas que no tienen el tipo de cuerpo, de edad, de ropa, de hábitos de consumo, etc. hegemónico en cada establecimiento.

    A menudo, son las asociaciones por los derechos LGTB, los grupos que practican un deporte,o una afición concreta, etc., los que pueden ofrecer un marco a una socialización alternativa, algo que parece necesario fomentar, dadas las limitaciones y los efectos secundarios que produce el modelo anterior.

    Cada homosexual entonces, puede sentirse tentado a entrar en el circuito comercial de salidas propuesto en las grandes ciudades, integrarse en redes alternativas, bucear en el mundo virtual de Internet, etc. También puede mantenerse al margen de la socialización durante un tiempo, aun siendo plenamente consciente de su identidad homosexual. Su respuesta puede evolucionar, tanto al observar cambios en las actitudes hacia la sociedad, que se ve más p0sitivamente, como también hacia el entorno homosexual, con quien se permite ser más crítico. En general, aunque uno tenga que seguir saliendo del armario toda la vida, -mientras la heteronormatividad se mantenga-, el proceso de aceptación termina allí.

Mario Gatti.
Terapeuta Gestalt

martes, 2 de diciembre de 2014

ADOLESCENCIAS TARDÍAS

Hombres y mujeres homosexuales de diferentes edades unidos por una vivencia común, una nueva etapa en la que se encuentran que les hace sentirse extraordinariamente bien o no: su adolescencia tardía.


    ¿Qué ocurre cuando uno tiene 40 años, o 50 o 60 y decide que por primera vez se va a dar la oportunidad de ser aquella persona que en realidad es? No es que se sienta poseído por una nueva identidad sino que esa que permaneció amarrada, oculta en su interior se abre camino y siente el permiso para expresarse por fin.

    Cuando ese sentimiento llega lo hace con una fuerza imparable y ni la propia persona es capaz de frenarla. Puede que despierte por un estímulo exterior, algo ocurre fuera que te desequilibra y tomas conciencia de que el momento ha llegado. Puede ser una persona, un hecho o una experiencia vital que te lleva a plantearte qué quieres vivir y quién quieres ser… por fin.

    No importa el cómo sino el dónde nos coloca. La emoción y las ganas de vivir por fin tu identidad, de dejar de ser tu mayor desconocido y empezar a ser tú crea una activación interior que te arrolla y te catapulta al exterior. Y aquí empieza todo. Es una etapa nueva, de descubrimientos, de búsquedas y de nuevos códigos. Quieres relacionarte, conocer a tus iguales y formar parte de ellos. A la vez quieres sentir y experimentar todo aquello que tanto negaste. Sentir el deseo, expresarlo, vivir las atracciones por el otro y también los enamoramientos, preparado para todo lo que tenga que venir.

    Esta nueva etapa es un momento de revolución y de transformación vital y como todos necesita de un tránsito. A veces es vivida como el paso de un extremo a otro como quien se pasa toda su vida a dieta y un buen día se da el permiso para quitar la restricción… quiere probarlo todo, olerlo, sentirlo, digerirlo… Puede que le lleve al otro extremo, es normal el paso de un extremo al otro y puede que entonces tenga atracones e indigestiones varias… aprenderá a comer, sin duda, es un proceso que requiere de un tiempo.

    Como tal adolescencia es un momento de búsqueda de identidad y de conductas que tienen que ver poco con la razón y mucho con la autoafirmación y las emociones.

    Puede darse expresiones que tienen que ver con la exaltación, las ganas de experimentar, ensayo y error,  que se traducen en relaciones breves y cambiantes, bajo nivel de compromiso, apertura a tipos de relaciones nuevas, enganche a estímulos fuertes y excitantes, relaciones basadas en la admiración e idealización por el otro… ¿no nos suena todo esto realmente a adolescencia?

    Hombres especialmente de 40 o 50 años que empiezan su vida como gays y rompen con todo. Abandonan viejas estructuras y redes para crear nuevas que se lanzan a conocer a otros hombres, maduros o jóvenes con quienes  celebrar  la asunción de su nuevo estatus. Que no salte ninguna alarma, no creemos estados de excepción… todo lo que les está pasando es absolutamente normal. Las experiencias son regalos que nos trae la vida y por más ridículas o extremas que parezcan, todas tienen sentido.

    Tienen que ver con mecanismos adaptativos que se producen como respuesta a procesos internos muy profundos de cambio. La única dificultad puede ser que nos quedemos ahí, que nos identifiquemos tanto con esa etapa que sintamos que ese es nuestro lugar.

    Igual que la adolescencia da el relevo a la etapa adulta así entiendo que estos hombres y estas mujeres que en ella se encuentran un día pasarán a la siguiente y la recordarán con la chispa que tuvo.
Avanzar como siempre es lo importante, pero hacerlo desde lo vivido y experimentado, sin negar nada y aceptando cada tiempo como viene y con lo que nos ofrece.

    Cuando pase la agitación y la tormenta llegará la pausa y el cielo abierto para crear nuevas relaciones, nuevos vínculos y para sentir que estamos en nosotros y que estamos realmente vivos. Adelante con ello.

Por Marta Pascual - Sexóloga y Psicóloga

domingo, 16 de noviembre de 2014

CENTRO SOCIO-EDUCATIVO DE MAYORES LGTB

    En momento de falta de proyectos ilusionantes, donde pareciera que estamos en las trincheras resistiendo que pase el chaparrón y que podamos salvar algo de la quema, la llegada de aire cálido, fresco y amable nos anima y sobre todo nos hace pensar, acercarnos para comprobar si es real, impregnarnos de su espíritu y salir con nuevas fuerzas.

    La apertura de la Sede Social de la Fundación 26 de Diciembre, está siendo un acontecimiento importante para todo el colectivo LGTB-H. Esta situación nos colma de alegría al demostrar que todavía hay gente buena y con ganas de cambiar el mundo, una tarea ardua y compleja pero que, pasito a pasito, algunos locos/as lo consiguen. Aquí viene la frase de nuestro Constantino Cavafis:

 “Solo quien tiene sueños tiene la posibilidad de poder verlos realizados.”

    Si era un sueño, un sueño que empieza a despertar, a pasar del mundo del deseo al mundo real; el poder disfrutar de los sueños darles formas, acunarlos, darles nombres……….momentos que te llenan de satisfacción, porque no estábamos locos como te decían, éramos unos ilusos…..pobrecitos……….en estos momentos no somos importantes………dedicaros a otra cosa…….pero con eso ya se contaba. Toda idea, proyecto que no se ajusta a la norma, es como si estuvieras nadando contra corriente, como si  te ponen palos en las ruedas.



    El disponer de un espacio independiente sí que te hace libre, libre y responsable a la vez. Un espacio de construcción, abierto donde podemos planificar, diseñar, pensar, discutir, preparar como queremos que este sea. Participar es la palabra clave, somos parte activa y entre todas y todos vamos a construir un lugar de activismo, visibilidad, creatividad, ayuda mutua, de respeto de proyección, un espacio que nos va a representar, un lugar para educar, encontrarnos y es curioso que sea de mayores, esas personas que se nos condenaba a esperar “el último viaje” como nos dice Machado, nos juntemos y con esas pocas fuerzas, la pongamos al servicio de lo común y consigamos todo un vendaval, que descoloque ideas, pensamientos y murallas construidas por la ignorancia.

    Tampoco es extraño que estas generaciones de personas mayores retomen esas fuerzas, pues lo han vivido ya en sus carnes: lo malo,  la persecución, el miedo, la cárcel, el armario…….; y lo bueno: la ilusión, los cambios, los derechos, la participación en el proceso de cambio social, el saber de primera mano la fuerza que podemos tener si nos unimos si tenemos proyectos, sueños, ganas de dejar huellas, de decir que he vivido y quiero seguir viviendo, participando, aprendiendo, creciendo como persona que soy, para conseguir aquella felicidad que durante siglos nos han intentado robar, poniéndola en otro lugar y no, sabemos que está aquí.


    Estamos construyendo la felicidad, sí, una felicidad del día a día, el tener una mano amiga que te ayuda a destruir la soledad obligada, un espacio para compartir, acoger, apoyarnos y aprender. Si eso va a ser este  espacio que, como hay que ponerle nombre le llamaremos Centro Socio-Educativo de Mayores LGTB-H, ahora falta el apellido y esperamos que algún mecenas nos ayude económicamente a acelerar el proceso que ya está en marcha.

    Tener un espacio donde nos encontramos, compartimos desayunos, charlas, comidas, actividades, organizamos campañas, trabajamos las artes escénicas, recuperamos a compañeras y compañeros que fueron pioneros y abanderados de la visibilidad de nuestra orientación sexual y de género, que tuvieron que pagar un alto precio y que nos siguen entregando su saber hacer, cantando, bailando y contando que es un lujo ver como se arrancan a cantar y nos ofrecen todo su arte, y ahí  es cuando  se nos pone la carne de gallina y le damos nuestros más intensos y agradecidos aplausos, esos aplausos que hacía mucho tiempo que no escuchaban.



    Esta nueva experiencia depende de todas y todos nosotras en que llegue a buen término, implicándonos, según nuestras posibilidades, en una palabra: apoyándola. 

Por Federico Armenteros
Presidente de la Fundación 26 de Diciembre
http://www.fundacion26d.org/

martes, 16 de septiembre de 2014

Bisexualidad: una visión personal

La bisexualidad entró en mi vida bastante tarde y ha sido un reconocimiento a mi propia historia personal. Cuando me descubrí bisexual, todo cuadró de repente y me sentí en paz. Es bastante habitual, por lo que he visto hablando con otr@s bisexuales y por mi propia experiencia, el haber sentido confusión al intentar por todos los medios adaptarte a la norma ya sea heterosexual u homosexual. Yo “he sido” hetero y homo en varias fases de mi vida y esto fue un gran problema para mí, de forma que en cierta manera introyecté muchas opiniones bifóbicas que nos rodean constantemente: esto es inmadurez, no eres una persona seria, estás descentrada etc…



Hace dos años, leyendo artículos sobre la orientación sexual, de repente comprendí que estaba intentando reducir al absurdo mi propia emocionalidad e instintividad. No tenía que escoger. Es más, hoy en día pienso que el hecho de tener que escoger una etiqueta de las que se vienen utilizando no es un “proceso natural” en sí mismo. Las etiquetas no son más que palabras que definen conceptos en una determinada escala social y antropológica, no son fenómenos de la naturaleza. Es más una consecuencia de nuestra necesidad de nominar los fenómenos naturales y clasificarlos dentro de categorías para poder controlarlos, aunque sea intelectualmente. Pero se debe ser consciente de que en este proceso se reduce y se  simplifica la realidad de la vida. Por ejemplo, las etiquetas hetero y homo son muy reduccionistas y dicen poco de las personas implicadas en una relación, porque sólo aplican al sexo biológico de quienes se emparejan. Es mucho más importante qué tipo de personas son, qué roles asumen dentro de la pareja, qué estilo personal desarrollan dentro de esa unión. Estamos poniendo el foco en el lado equivocado al fijarnos tanto en el sexo biológico de las parejas y menos en el fondo de las personas que las constituyen, la dinámica que las construye y el motor emocional que las mueve.

Hace ya más de 50 años que Kinsey propuso el continuum de la sexualidad humana y todavía andamos así, intentando explicar algo tan rico y complejo en código binario de ceros y unos. En mi opinión, el problema de base viene de que dicha simplificación se ha buscado ex profeso desde tiempos inmemoriales por diversas razones sociales y políticas. Por el contrario, pienso que la sexualidad humana debe compararse con otros fenómenos plenamente “humanos” como el lenguaje o la inteligencia conceptual. Sobre estas bases, he explicado un modelo de sexualidad humana en varios foros LGTB de las Universidades en Madrid. 


La historia de la descripción de la inteligencia humana se parece bastante a la de la sexualidad. No hace tanto, pongamos 30 años, en los colegios españoles se hacían “test de inteligencia” a los niños, que salían del invento con una etiqueta para toda la vida llamada cociente intelectual. En este caso, las categorías no son homo/hetero sino que el numerito se traducía socialmente en: tonto, medio tonto, normal, listo, superdotado. Ya solo leerlo, con nuestros ojos de siglo XXI, resulta horripilante. Por suerte, Coleman y otros han explicado que la inteligencia humana no puede reducirse a una categoría, definida por un número, que proviene de un test que se hace un día. La inteligencia humana es un fenómeno diverso (no hay una sola inteligencia), todas las personas disponemos de varios tipos de inteligencias a la vez y, además, dichos talentos se desarrollan con el tiempo. En el desarrollo de la inteligencia influye también, como es bien sabido, el entorno social y familiar, la historia del individuo con las oportunidades o desgracias que ha vivido, y finalmente su forma de relacionarse con el mundo y con otras personas. Muy parecido a lo que sucede con el mundo emocional y sexual. Lo contranatura sería suponer que los seres humanos, que se caracterizan por esta multiplicidad de talentos desarrollándose de forma diversa y plástica a lo largo de la vida, sean monocordes e inmutables en las emociones y la sexualidad. Pienso que esto implica una contradicción tan fundamental, que urge explicar que las personas somos mucho más que las categorías y las perogrulladas con las que muchas veces nos intentamos identificar.



En este sentido, la mal llamada bisexualidad (porque el nombre se basa en un modelo binario reduccionista), puede servir al mundo como la punta de lanza para explicar una visión del hombre y las relaciones afectivas completamente nueva, abierta y enriquecedora. En definitiva, más real.

Por Isabel Portero
BLOG Isabel Portero